El hígado graso, también conocido como esteatosis hepática, es una condición cada vez más común en todo el mundo, especialmente en personas con sobrepeso, diabetes tipo 2 o hábitos de vida sedentarios. Llevar una alimentación saludable y una dieta equilibrada es fundamental, pero en este objetivo no ingresan todas las frutas. ¿Cuáles debe eliminar, según nutricionistas expertos?
A continuación, tal como señala Clínica Nueva Caracas, las cuatro frutas que debería reducir o eliminar de su dieta, debido a su mayor concentración de fructosa, si busca mejorar su salud hepática: 1) Uvas: aunque son ricas en antioxidantes como el resveratrol, las uvas contienen una alta concentración de fructosa: hasta 16 gramos de azúcar por cada 100 gramos. Este azúcar natural, cuando se consume en exceso, puede convertirse en grasa en el hígado, favoreciendo su acumulación. El riesgo aumenta si se consumen en su versión deshidratada (uvas pasas), que concentran aún más los azúcares: hasta 65 gramos por cada 100 gramos de producto. Los especialistas aconsejan evitarlas, especialmente como snack o en mezclas comerciales. 2) Mango: conocida por su sabor intenso y su aporte de vitamina C, esta fruta tropical no es ideal para quienes padecen hígado graso ya que contiene unos 15 gramos de carbohidratos por cada 100 gramos, gran parte de los cuales son azúcares simples. Además, su índice glucémico moderadamente alto puede contribuir a la resistencia a la insulina, un problema frecuente en personas con hígado graso. Es preferible optar por frutas de sabor menos dulce y con menor impacto glicémico, como las fresas o las manzanas verdes.
3) Dátiles: los dátiles son una fruta muy energética y altamente concentrada en azúcares. Debido a su baja proporción de agua, más del 60% de su contenido es azúcar, por lo que una porción de 100 gramos puede aportar hasta 75 gramos de carbohidratos. Este tipo de fruta, aunque natural, actúa casi como un “caramelo” para el hígado. En dietas diseñadas para revertir la esteatosis hepática, su inclusión no está recomendada, especialmente en forma de snacks o como sustituto de postres. 4) Coco: a diferencia de las frutas anteriores, el coco no se destaca por su dulzor, pero eso no lo hace inocente para el hígado. Su problema principal es el alto contenido en grasas saturadas que, según los Institutos Nacionales de Salud de EE. UU, están relacionadas con un aumento del riesgo cardiovascular y con el agravamiento del hígado graso.
Si bien en muchos casos no presenta síntomas evidentes, el hígado graso se caracteriza por la acumulación excesiva de grasa en las células del hígado, puede progresar y derivar en enfermedades más graves si no se trata a tiempo. Por tal motivo, llevar una alimentación adecuada y mantener un estilo de vida saludable es clave para prevenir y controlar esta afección. En ese sentido, los nutricionistas advierten que no todas las opciones frutales son adecuadas para esta condición, ya que algunas, por su alto contenido en azúcares naturales (fructosa) o grasas, pueden empeorar el cuadro hepático y dificultar su recuperación. El consumo excesivo de ciertas frutas puede ser contraproducente debido a su alto contenido de azúcares naturales, como la fructosa, que el cuerpo transforma en grasa. Por eso, incluso dentro de una dieta natural es fundamental saber cuáles frutas conviene evitar para no agravar esta condición hepática.

